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viernes, 16 de noviembre de 2018

Ya es tarde

¿Cuántas lágrimas hay que derramar? ¿Cuánto tiempo va a tardar el dolor en irse?

Pensar en lo que uno tiene dura tan poco tiempo, nos acostumbramos rápido para que después el agua de lluvia se lo lleve sin pensarlo.

¿El dolor es normal? ¿El sentimiento de culpa también es normal?

Perdón por no poder hacer nada, perdón por no haber hecho nada, ya es tarde y hoy ya no estas junto a mí.

Te quiero volver a ver, te quiero recordar donde siempre estabas, te quiero a pesar de saber que ya no estarás pero sé que nunca se te olvidará.

Saber desde que uno se levanta que va a ser un mal día avecina malos augurios y ya es tarde, ya o hay nada que hacer.

En este momento sólo queda no olvidar, porque él que queda en el olvido realmente muere, en cambio, él que no, vivirá por siempre.

Quiero estar siempre contigo.
                                                                                                                                    RM.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Serendipity

Volver a escribir después de tanto tiempo...

Sí, se siente raro y estresante a la vez. Me gustaría comenzar por lo que hice y que no hice durante todo este tiempo pero las notas siguen intactas a como estaban en un principio, ta sólo dos o tres palabras se pueden leer en ellas pero nada más ¿Las ideas se fueron?

No, las ideas nunca se fueron porque en realidad nunca llegaron, ¿Estaré viviendo una realidad o simplemente una mentira? Sin embargo todavía respiro.

¿Qué haré? ¿A qué le tengo miedo? Al futuro, de nuevo volví a caer en él aunque no haya llegado, el futuro que pensaba hace años llegó y es hoy pero ¿Por qué me siento tan vacía? ¿Por qué siento que no me moví del lugar?

Preguntas con o sin respuestas que giran en torno a una vida que no tengo ni la tendré.

                                                                                                                            RM

lunes, 29 de mayo de 2017

Futuro sin sueños

La alarma suena, todos los días se volvieron tan monótonos que ya no existen ni las horas. Temprano, antes que aparezca el sol marcando un nuevo día para la ciudad, el colectivo hace ya su recorrido habitual desde el comienzo hasta casi su terminal, de por medio se encuentra el destino, una de las facultades más reconocidas de Buenos Aires. Tan solo un año en el CBC fue el camino para entrar en ella, pero no fue lo imaginado, fue totalmente distinto a aquello que parecía el gran futuro, al principio todo era emoción pero al final se convirtió en obligación.

Esa felicidad ya no se encontraba, tan simple como no ser uno mismo, tener que acostumbrarse a ello fue en vano aunque la fuerza de voluntad estaba pero no pudo ser conseguido; y la mente, el mayor enemigo, se encontraba aconsejando constantemente que lo mejor era pensar en el futuro y quienes iban a ser los decepcionados con aquella decisión: los padres. Contar siempre con su apoyo se volvió en contra porque al ser esa niña ante sus ojos pareciera que tras esa decisión ya no lo fue más; dejar la facultad, no estudiar ni trabajar, lo que pareciera ser el sueño para muchos terminó siendo un callejón oscuro que parecía no tener final.

Tan sólo con diecinueve  años y el pensamiento de no tener futuro rondaba todos los días, junto con las típicas palabras de: “Tienes que encontrar tu verdadera vocación”, “Algo tienes que hacer” y el: “No puedes vivir así…”. La vida es de uno no de los demás, pero ¿Por qué importa tanto lo que los otros piensen? Era la pregunta que la psicóloga intentaba que sea respondida en cada una de las cesiones sin éxito. Eso de perseguir los sueños ya no se creía, ya no había sentimientos sino solo un vacío  y era lo que más carcomía y hacia querer volver atrás ¿Sería mejor regresar y hacer de cuenta que no pasó nada? ¿Habría que volver a intentarlo? Pero no, esa no era la opción, cuando un libro ya es maltratado no hay vuelta atrás.


Parecía que todo estaba perdido, pasar los días informándose, leyendo y escribiendo acerca de todo lo que llamara la atención se había hecho habitual y de ello se deprendió la respuesta a aquella crisis existencial, volver a la primera y verdadera opción, el periodismo. Aquella opción que había sido engañada por las expectativas de los demás pero hasta el momento ni se acerca al arrepentimiento de haber sido escogido y que todavía se agradece no haber pensado en las consecuencias por una sola vez y tan solo seguir al instinto; el trabajo duro y la determinación es lo que hará no pensar en el futuro ya que los sueños están para realizarse en el presente.
                                                                                                                             RM

lunes, 15 de mayo de 2017

Chile, entre cultura y consumo

Sobre la mesa. al lado de la computadora, un cuaderno donde están escritas pequeñas notas como ayuda de memoria. Una palabra, dos y la hoja vuelve a estar en blanco, tal vez no tenga sentido escribir acerca de ello, o tal vez sí. Chile estuvo resonando mucho estas últimas semanas en la televisión, y no justamente por lo atractivo que puede llegar a ser poder visitarlo sino todo lo contrario, por lo “barato” que resulta comprar allá. Obviamente no todos tenemos el lujo de poder viajar y mucho menos ir a comprar al exterior por eso hacer análisis de economía no es lo apropiado pero “Sociedad consumista” es lo que dice una de las anotaciones, dejando el recuerdo claro que la escribí en el preciso momento en el que esos grandes shoppings se encontraban atestados de gente; allí los argentinos pareceríamos ser ricos pero al final de cuentas terminamos igual de pobres que antes y donde, ya no se compra solo lo básico como podrían llegar a ser alimentos o ropa, se termina pagando por necesidades que acaban siendo puramente artificiales.

Aquí es cuando el sentido de escribir pareciera ser lo correcto es porque a pesar de que muchos sienten conocerlo a través de lo que se habló decenas de veces cambia totalmente el estar allá. Santiago fue el punto exacto para este viaje que no fue exclusivamente turístico ni de compras sino por otro motivo pero ello queda de lado al dejarme sorprender por lo gratificante que puede ser visitarlo, para viajar muchas veces uno se imagina que tiene que irse al otro lado del mundo pero no necesariamente es así; al principio el estar allí parecerá que no es nada fuera de lo común, plena capital del país rodeado por grandes edificios, autos por todos lados y la gente yendo y viniendo de un lado a otro. Pero algo que puede llegar a resultar muy familiar termina siendo totalmente nuevo, la temperatura superó los 30ºC todos los días pero allí pareciera que se está más cerca del sol y en la ciudad eso se siente, caminando por la avenida principal General O'Higgins, o mejor conocida como "La Alameda" como me lo informó un taxista, pareciera que todo esta conectado a ella y allí, en plena ciudad, se halla la sede central del gobierno, el Palacio de La Moneda, y es lo primero que atrae mi atención ya que se encuentra custodiado por unos cuantos carabineros y unas simples vayas, tan tranquilo que estremece.



Un pequeño paseo por Santiago

Así como está rodeado por esos grandes departamentos como si fueran torres también se está envuelto por enormes montañas, exactamente por dos cerros que abrazan la ciudad, el más grande es el Cerro San Cristóbal, donde se encuentra la Virgen de los Andes, y el cerro menor es el Santa Lucia, que al asomarse al balcón desde un piso veinte deja una vista fascinante de ellos y más de noche, allí donde los negocios se encuentran ya cerrados y el centro se vuelve más tranquilo, se deja lugar a que se aprecie esa gratificante vista completamente iluminada.



A pesar de ser un país vecino, uno es extranjero por lo tanto lo mira desde ese punto. El que te vean como extranjero también es raro, nos parecemos mucho pero tan distintos en costumbres, entre mis notas tengo frases anotadas que he escuchado decir a personas al azar: “Allí es la gasolinera” o “Sólo debes tomar el metro” si algo me gusta es aquella gente que habla con palabras distintas porque usan un léxico al que no estoy acostumbrada a escuchar, aunque lo conozca.

Por momentos fui más consciente de lo que me rodeaba aunque perdí a veces la noción del tiempo siendo eso lo que me llevó a querer pasear y descubrir, donde se manifestó el espíritu de los lugares topándome con, por ejemplo, un hotel que desde lejos se escucha la música cubana y se aprecia la bandera de dicho país, un transporte público que da gusto ser utilizado acercándote a aquellos lugares impensados o simplemente un supermercado en el que tienes que bajar por escaleras mecánicas ya que se encuentra en el subsuelo en medio de grandes edificios. La diversidad cultural es monumental y se deja apreciar a cada paso; los museos, las plazas y todos los atributos arquitectónicos son lo que le dan vida a Santiago. La naturaleza y las personas son parte de esa vida, el que te atiendan amablemente en un lugar de comidas o que un desconocido se tome el tiempo en explicarte cómo tienes que llegar a un lugar asegurándose de que lo comprendas bien también, supongo que en todo sitio hay gente buena y mala, yo sólo me habré cruzado con la buena.

Más allá de las posibilidades que cada uno tiene se pueden hacer grandes recuerdos en tan solo unos pocos días que no alcanzaron para poder disfrutar aquella ciudad, donde el tiempo no espera y mientras la ruta avanza lentamente las grandes montañas, que se imponen ante cualquiera, quedan detrás. 


                                                                                                                                RM.

lunes, 1 de mayo de 2017

Volver a caer

http://wintergirlrm.blogspot.com.ar/2016/09/munecas-marcadas_30.html

Allí escribí que lo había superado, o eso pensé, pero al parecer no superé nada. Esas ganas de volver a hacerlo regresaron a mí. Pensé que en serio era una etapa de mi vida que había quedado en el pasado y que de ella había aprendido.

Sí, aprendí y mucho, pensé que no lo volvería a hacer más. Que esas muñecas marcadas no iban a aparecer más. Pero me equivoque, ellas volvieron. Tan sólo una discusión que sabía que no iba a llevar a nada bueno y que había sido mi mal comportamiento, llevaron a que ellas regresaran.

El dolor no se hizo presente como tantas veces, en esta ocasión sólo fue observar como la sensación y el color iban marcando su recorrido, allí por donde el afilado brillo iba pasando e iba tiñendo una vez más mis muñecas marcadas.

                                                                                                                                 RM.

lunes, 9 de enero de 2017

Lucky

9 de enero, 2017. 12:30 pm

No pensé que llegaría, o tal vez sí, y no lo quería aceptar. Te me fuiste, partiste sin mirar atrás.
Tanto dolor acumulado tuvo su final, tanto sufrimiento se quedó atrás.
Felices fueron los días en que me miraste, feliz fue el día en que llegaste a mi vida.
¿Cómo se supera tu perdida?
Una pregunta sin respuesta, porque no fue una perdida sino más bien una batalla que tenia que finalizar.
Ya no existe ni el tiempo ni los días. En cada segundo te tendré presente, recordando lo bueno que fuiste y lo bueno que lo seguirás siendo.
Hablar en pasado duele, hablar en futura también duele a causa que ya no te tengo en mi presente.
Duele, duele mucho ¿Qué se hacen con tantos pensamientos? ¿Qué se hacen con tantos recuerdos?
En donde quedaran todas nuestras risas y llantos.
Sé que algún día te volveré a ver, sé que algún día te volveré a tener en mis brazos. Pero hasta que ese día llegué prométeme que me estarás esperando, porque yo sí lo estaré.
Siempre te extrañaré, siempre te amaré.
                                                                                                                                RM.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Casamiento sin fecha

Es un aguafuerte porteña que nace a partir de un simple conversación escuchada en un colectivo.

Casamiento sin fecha

Es complicado cuando se debe viajar en colectivo por más de una hora y no prestar atención a las conversaciones ajenas, esas que aunque intentes no escuchar terminan por llamar a tu curiosidad y despiertan tus pensamientos. No es malo de vez en cuando escuchar ese tipo conversaciones, después de todo son las mismas personas que hablan abiertamente, en un lugar público y a toda voz,  a uno le da el poder de recrear sus propios escenarios y dar una opinión sin decírselo a nadie, dejando de lado que a veces te deja como una persona chusma, pero ese es otro tema.

Ocho de la mañana, transcurso de un día semanal y un colectivo de la línea 140 ya tenía todos sus asientos ocupados y alguna que otra persona de pie. Afuera el sol ya se había hecho presente, comenzando a calentar la ciudad, adentro el ambiente estaba cálido a causa del aire acondicionado; algunos pasajeros iban durmiendo, otros escuchando música, leyendo o tan solo viendo por la ventana esperando para llegar a su destino.
Mientras que el chofer iba frenando en cada parada, una conversación transcurría en los últimos dos asientos del fondo del colectivo, sí bien otros pasajeros también iban charlando ésta es la que atrapó mi atención. Dos chicas, que parecieran estar en alguna edad de sus veintes, hablaban a viva voz, sí bien una de ellas tenía la voz más apaciguada se podía sentir el enojo en la otra, y me gustaría poder describirlas pero me encontraba de espalda a ellas por lo que solo su conversación es la que pude atender.

-         Siento que debo separarme, ya no sé qué es lo que quiere.
(Dando un fuerte suspiro) - ¿A vos te parece llegar a eso sólo por este tema? ¿Capas que él no está preparado?
(Levantando la voz) - ¡Diez años de convivencia llevamos! ¿Y a vos te parece que no está preparado?
-         Dale tiempo, capas que espera otro momento.
-         ¿Qué momento? Vos porque siempre estás del lado de él.
(Con un tono reconciliador) - No siempre, pero creo que en algún punto lo comprendo.
-         ¿Comprender qué? No es tan complicado ir, firmamos y listo.
-         Para vos será fácil pero tal vez para él no. Igual también te comprendo a vos, ya son muchos años y tal vez ya te arto tener que esperarlo.
-         Boluda, en serio ya siento que me está viendo la cara. No pido demasiado solo que pongamos una fecha para casarnos, no te digo mañana mismo pero aunque sea hablarlo.
-          Dale tiempo, capas él ya lo está reconsiderando.
(Con la voz firme) - Ya decidí que lo voy a dejar.
-         ¿Vas a tirar tantos años de convivencia solo por qué él no se quiere casar?
-         No puedo seguir esperándolo, yo me quiero casar y el parece que no…

Cómo esa conversación siguió no lo sé, que habrá pasado, también es incierto pero de una simple plática se abren tantos caminos que no se sabe cuál será el correcto. Tantas preguntas flotando que no tienen repuestas, cómo la de: ¿Desde cuándo el matrimonio tiene una fecha límite? Hablarlo tan desconsideradamente en una simple charla de colectivo es lo que parece ser el matrimonio para algunas personas.

Somos millones que buscamos a alguien con quien compartir momentos y de las cuales nos “enamoramos”, algo tan pasajero como decir esas palabras, sin embargo se sigue apostando al matrimonio. Pueden existir miles de estudios acerca de ello pero cada persona es un universo distinto, nadie tiene asegurado el éxito en las relaciones pero es un tema que sigue pisando fuerte, va más allá de lo moral ya que es parte de la sociedad, algunos se casan, otros solo están en pareja, algunos apuestan a la convivencia y otros, solo deciden estar solos.

Tampoco pasa por el egoísmo, no hay una formula, sino que es más un especie de inseguridad o rechazo cuando se da lugar a pensar en otra persona, estar días a su lado y que termine siendo peor que una adicción a la cafeína. El matrimonio trae consigo responsabilidades que se pueden evitar la mayor parte del tiempo estando, por ejemplo soltero, el no tener que compartir con nadie lo que haces o decides te da la sensación de libertad que en algún punto el matrimonio te lo quita, pareciera ser como un pedazo de vidrio roto que no puede dar marcha atrás.

No está mal querer casarse, obvio que no, pero se sabe que de a poco las relaciones se desvanecen y por eso existen las situaciones en que uno está preparado y el otro no.  El amor es como las hojas muertas del otoño, esas hojas muertas que caen como lágrimas, pero que durante el tiempo en que estuvieron meciéndose con el viento fueron una de las mejores sensaciones, por eso si esta simple conversación termina por concretarse ¿En qué lugar queda el amor? Simplemente pareciera que se desvaneciera como el otoño, como todas las estaciones del año.

                                                                                                                       RM.

Ya es tarde

¿Cuántas lágrimas hay que derramar? ¿Cuánto tiempo va a tardar el dolor en irse? Pensar en lo que uno tiene dura tan poco tiempo, nos acos...